Balzac se burla de la Prensa; así nos lo demuestra el poeta Baudelaire.
...Estaba triste, a juzgar por su mirada ceñuda, por su ancha boca, menos abierta carnosa que de costumbre, por la manera - interrumpida por bruscas pausas - con que "pisoteaba" el doble pasaje de la Opera. Estaba triste.
!Era e'l!, en verdad, la ma's robusta mente comercial y literaria del siglo XIX; e'l, el cerebro poético tachonado de cifras como el despacho de un financiero; el hombre de los fracasos mitológicos, de las empresas hiperbólicas y fantasmagóricas; el gran cazador de sueños, sin tregua a la búsqueda de lo absoluto; e'l, el personaje mas curioso, mas divertido; el mas vanidoso y el mas interesante de los personajes de la Comedia Humana; el gran original, tan insoportable en la vida como delicioso en sus escritos, aquel gran muchacho hinchado de genio y de vanidad , que posee tantas virtudes y tantos defectos que vacila en intentar suprimir, por miedo a perder otros, y arruinar así esta incorregible y fatal monstruosidad que es Balzac.
? Que ocurriría a nuestro gran hombre para mostrarse tan taciturno? ?Que le ocurría para avanzar tan enojado, con el mentón sobre el pecho, hasta el extremo de que su ancha frente rugosa se hiciera Piel se zapa? ?Sonaba, tal vez, piñas a cuatro ce'ntimos, puentes suspendidos con hilos de lana, con budouirs tapizados conSufrimiento del inventor?
!Ah, no! La tristeza del gran hombre era una tristeza vulgar, a ras de tierra, innoble, vergonzosa y ridícula; se encontraba en una de esas circunstancias que todos hemos tenido ocasión de conocer, y en las que cada minuto que pasa se lleva consigo una posibilidad de salvación; en las cuales, teniendo el ojo encadenado al reloj, el genio de la invención siente la necesidad de duplicar, triplicar, decuplicar sus fuerzas en proporción con el tiempo que pasa y de la cada vez mas cercana hora fatídica. El ilustre autor de la Teoría de la letra de cambio debía hacer efectivo al día siguiente un pagare de mil doscientos francos; y la tarde estaba ya muy avanzada.
Sucede a veces en estos casos que, incitada, machacada, maltratada, golpeada, empujada por el piston de la necesidad, la mente sale bruscamente fuera de su prision en un movimiento imprevisto, inesperado y victorioso.
Esto debido de sucederle probablemente,al gran novelista. Porque una sonrisa sustituyo en su boca la mueca que entristecías sus orgullosas lineas; se sereno su mirada; y nuestro hombre, de nuevo tranquilo y seguro de si mismo, se dirigió hacia la rue Richelieu, con paso rápido y cadencioso. Penerto en una casa donde un comerciante, entonces rico y prospero, aunque en bancarrota después, descansaba de las fatigas del día junto al fuego hogareño, tomando una taza de te. Nuestro protagonista fue recibido con todos los honores debidos a su nombre, minutos después, exponía así el objeto d su visita: "Querría tener pasado mañana dos extensos artículos en La Siecle y en Debats sobre su Los franceses pintados por si mismos, escritos por mi y firmados con mi nombre? Necesito mil doscientos francos. Para usted es un negocio redondo". El editor que, al parecer, era en esta materia muy distinto de la mayor parte de sus colegas, encontró razonable el argumento, y llegaron inmediatamente a un acuerdo. El gran hombre, cambiando repentinamente de idea, pretendió que los mil doscientos francos le fueran pagados tras la publicación del primer articulo; después se volvió tranquilamente hacia el pasaje de la Opera.
Minutos mas tarde apareció un joven, de aspecto aburrido y espiritual a la vez, que le había hecho hacia poco tiempo un inteligente prologo para Grandeza y decadencia de Cesar Birotteau, y que ya era muy conocido en el periodismo por su fuerza comica y, en cierto sentido, implacable; la piedad no le había cortado todavía unias y garras, y los periódicos pacatos no le habían aplicado sus queridos apagavelas.
-Edouard, mi buen amigo, ?querríais tener mañana ciento cincuenta francos?
-!Por Dios!
-!Formidable! Y ahora, venid conmigo a tomar una taza de cafe.
El joven se tomo de un trago la taza de cafe, que le sirvió a la perfección para inflamar su pequeña organización interna de meridional.
-Edouard, necesito para mañana tres columnas sobre Los franceses pintados por si mismos; para mañana, ?entendido? Y temprano, porque debo copiar el articulo a mano y firmarlo con mi nombre; esto e muy importante.
-Nuestro gran hombre, pronuncio estas palabras con ese admirable énfasis, con ese tono soberbio que frecuentemente se emplea con un amigo al que no se puede recibir: - Perdona, amigo mío, que te deje en la puerta; pero tengo un tete-a-tete con una princesa cuyo honor esta en mis manos, y ya comprenderás...
Edouard le estrecho fuertemente la mano, como a un benefactor, y correo a comenzar su trabajo.
El gran novelista se hizo escribir un segundo articulo en la rue de Navarien. EL primer articulo se publico dos días después, en La Siecle. Pero, nota curiosa, no estaba firmado ni por el joven ni por el escritor, sino por un tercer nombre, muy conocido en la Boheme de la época por su amor a los gatos y las bailarinas de la Opera Comisque. El segundo amigo era, y es todavía, grueso, descuidado perezoso y linfático; ademas, carece de ideas y no sabe hacer otra cosa que enhebrar palabra tras palabra, y pulirlas como los collares de los indios; y como se requiere mas tiempo para amontonar tres columnas de palabras que para escribir un volumen de ideas, su articulo no fue publicado hasta varios días después. Y no en Debats, sino en otro diario, La Presse. Empero, la letra de mil doscientos francos fue pagada y todos los protagonistas de la historia quedaron satisfechos; todos, excepto quiza el editor, que lo estaría un poco menos. Y así es como se satisfacen las deudas.....cuando se posee genio.
